martes, 10 de enero de 2012

Me siento esclava de mis sentimientos. Me dejo llevar por mis impulsos pero nunca me ha servido para nada. Siempre me he querido enamorar de alguien que sepa ver en mí más allá que un físico. Que cuando me mirase sonriese pensando el lo guapa que estaba yo ese día, con el que hablar hasta altas horas de la madrugada sin cansarme, que me dedicase sus pensamientos más profundos o sus palabras más sinceras, y a veces siento que pido demasiado. Luego aparece alguien, que no es como yo quería que fuese, pero te atrae. No dejas de pensar en su sonrisa o en la manera en la que camina, pero después le conoces a fondo, y te arrepientes de haber sentido esa atracción alguna vez. Te trata como un simple cuerpo sin sentimientos, con el que bromear sin preocuparse de si te duele o no, y pasa el tiempo y ya no te importa. Te has acostumbrado a ese dolor que te proporciona esa persona o cualquier otra, porque no será la única que te trate así en esta mísera vida. Y lo peor de todo es que a pesar de no merecerlo, a pesar de todo, perdonas a ese ser humano que te ha dañado.
Y ya ni me molesto en intentar hacerle notar a alguien que estoy mal, no me ayudarán a estar mejor, no estarán ahí para darme un abrazo que me haga sentir que ya no hay dolor.
No espero que os identifiquéis con lo que escribo, tampoco que os compadezcáis de mí, tan solo deciros que a pesar de todo lo malo que os pueda pasar, de que perdáis las ganas de sonreír, lo hagáis. Podríais iluminar al mundo con vuestra sonrisa. 

1 comentario:

  1. Me encanta cómo escribes, cada entrada es tan ASDFAGAFDFD.

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